El más hermoso sentimiento, convertido en mandamiento

AMOR

Moisés, en el monte Ararat, recibió dos tablas, sobre las cuales estaban tallados los diez mandatos de Dios, la Ley. Y aunque la ley era perfecta, dejaba en evidencia la miseria humana, el hombre no era capaz de cumplir con tan sólo diez mandatos. No parecía tan difícil, para quien no es humano puede ser, pero para un simple mortal, es una misión imposible.

¿Por qué? Hay que regresar en la biblia hasta Adán, porque allí nuestra naturaleza se hace pecadora. Al incumplir el único mandato que le dio Dios, uno sólo, (hay que ver Adán, no es por nada pero…), Gén 2:16  “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Pues fue suficiente, ya conocen la historia, y como consecuencia, acá estamos, en este mundo, sujetos a la mentira y la tentación del enemigo, ¡¡aaah!!, pero gracias a nuestro Dios, sólo en la carne, porque al aceptarle en nuestro espíritu y corazón, espiritualmente nos desprendemos de ella, y aunque pecamos, no hay duda de que lo hacemos a pesar de nuestra constante lucha en contra de ello, nos sentimos como Pablo: Rom 7:15  “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.”. Es un sentir frustrante, pero…

Regresando a nuestro tema, Jesús nos simplificó el asunto, quiero decir en número, porque para la carne ya vimos, que ni siquiera siendo uno el mandato, supo manejarse. Eso es rebeldía, fue el pecado de Satanás.

Regreso de nuevo, Jesús nos muestra que, los diez mandamientos se resumen en AMOR. Mat 22:37-38  “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.”

Este primero se refiere al amor hacia Dios, pero hay un detalle muy importante, ¿cómo debe ser ese amor? CON TODO tu corazón, CON TODA tu alma y CON TODA tu mente, es decir, por encima de todo, absolutamente de todo.

Es mucho más importante que producir dinero, mucho más importante que el mundo que te rodea, incluyendo las personas que lo conforman, o sea ni el trabajo, ni los compañeros de trabajo, ni tus amigos, nuevos o de siempre, tu pareja, tus padres, tus hijos, tus grandes amores, NADA puede estar por delante de Él. Tu eres y vives por Él, con Él y para Él, y lo demás se te da por añadidura, pero no puedes suplantarle con NADA. ¿Es difícil? si lo es, desde el punto de vista de la carne si, y mucho, pero es así. Medítalo en tu espíritu y no tendrás dudas, tendrás la respuesta.

Estamos hablando del Creador, Salvador y Consolador, tu único Dios, a quien le debes existir, tú, los tuyos, los otros, TODO; a quien además le debes, si le aceptas, ser salvo, tener lo que tienes y lo que no. No puede haber ninguna duda.

Luego Jesús continúa diciendo al fariseo, (siempre tan oportunos, intentaron tentarle y en consecuencia, nos deja estas perlas de sabiduría, convirtiendo lo malo para bien) Mat 22:39-40  “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” 

Más AMOR, tú te amas, porque te cuidas, utilizas las cosas buenas que te da la vida, para consentirte, ¿verdad? Bueno, de eso se trata, así como te amas debes amar a tu prójimo, cuidarle en la enfermedad, socorrerle en la desgracia, darle consuelo, en fin, cuando veas a tu prójimo, pregúntate, ¿que me agradaría que hicieran por mí, si estuviera en su circunstancia? y tendrás la respuesta. Seguro!!!

Hay un ejercicio que nos va a comprobar los avances que hace el Espíritu en nosotros. Tomemos a cualquiera en la calle, mejor aún si tiene aspecto de hampón, malandro, de malo, o que parece que no le avisaron cuando repartían la buena apariencia, también sirve un mendigo harapiento, bueno, creo que ya entendieron el concepto, ahora imaginemos si somos capaces de hablarle con AMOR, si puede inspirar nuestra misericordia.

Es más, no tenemos que ir tan lejos, en nuestro trabajo, en nuestro “círculo social” (amigos), vecinos familiares, hermanos, no hace falta hurgar tanto, siempre hay un intragable, alguien a quien no le disculpamos ni el respirar, porque entendemos que lo hace a propósito y muy de prisa, para consumir nuestro aire.

Es fácil sentir ternura por un pollito, por un lindo bebé, pero por estos sujetos, esto es diferente ¿verdad? Bueno les invito a leer a Mat 5:38-48  “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos.  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Si antes era diferente, ahora como que nos subió la marca mucho. No estamos diciendo que es fácil, Somos humanos, pero si sometemos nuesto libre albedrío a la voluntad de Dios, y Su Espíritu nos plena, será fácil, sí!

Jesús nos lo ordena muchas veces. Una de ellas en Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” e inmediatamente agrega ésta: Jua 13:35  “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” O sea, es la prueba del discípulo.

Hay que recordar siempre que el motivo de vida de un cristiano  es el amor; amor por Dios, por Jesús, por el prójimo, sin importar su físico su simpatía, amor por el enemigo, amor, amor.

No poseemos tanto amor, lo recibimos como un don pero, si no se ejercita, como los músculos, se atrofia. Y no se trata de tomar poses, de forzar situaciones, se trata de dejarlo fluir cuando lo sientas. El Espíritu intenta manifestarse a través nuestro, pero si no lo dejamos que fluya, de nuevo el bendito albedrío, no va a manifestarse. No hay que tener temor o vergüenza, o ambas. Hay que soltarse, permitiendo que la luz se manifieste.

Supongamos que los cables eléctricos tuviesen libre albedrío ¿imaginan el caos? No sería confiable. Un técnico tendría dudas sobre si es una falla técnica en el generador, un problema de continuidad en el cableado o, seguramente, un problema de libre albedrío. Menos mal que no tienen.

Somos salvos por amor, llevamos la salvación a otros por amor, leemos la Palabra por amor y por amor damos cabida a la voluntad del Espíritu. ¿Cuántas veces orando por algo, han tenido una vacilación, y se preguntan si será la voluntad de Dios?

Me ha sucedido, y pido conforme a su voluntad, es decir, pido, pero me someto a su voluntad. Puedo hablar con propiedad, es muy difícil decir “si es tu voluntad” cuando tu “yo” te pide a gritos ¡concédemelo!. He pasado por ser vituperado (con razón) y pensar “ya no soy así”. He tenido deseos de responder, me ha costado mucho el no hacerlo, cuando lo logré.

Hay en particular un prójimo con el que es muy difícil, como humanos, permitir el fluir, porque podemos tener, veinte, treinta, cuarenta años o toda nuestra vida conviviendo o compartiendo mucho tiempo (nuestra pareja, nuestros padres o hermanos, hijos, compañeros de trabajo, etc.) y esto es porque debido al tiempo de convivencia, pasamos a aprender respuestas fáciles, orales o de actitud, y se convierten en reflejos como, quizás no es el mejor ejemplo, los de un boxeador. Tenemos frases o posiciones que usamos porque alguna vez fueron efectivas, pero ¡Razonen! ¡no son amorosas! son humanas, y son casi siempre, injustas e hipócritas.

Además, está esta otra. Probablemente, el círculo que más decepciones causa, es probablemente el más cercano, no por ser más o peores, sino porque son las que más duelen. Hay otro punto sobre el cual debemos tener especial cuidado. Cuando conocen a una persona, ustedes intentan, inconscientemente,clasificarla, y van agregando datos que reafirman esa imagen formada, si esta persona se convierte, y es un hermano de sangre, la pareja, el hijo, dirán: “ojalá sea cierto”, pero como nadie es profeta en su tierra, ni Jesús, siempre van a estar viendo y juzgando al viejo hombre, aquel con quien tú (con el tuyo, claro) luchas minuto a minuto, y seguramente ellos también.

Para ver a ese nuevo hombre, debemos tener discernimiento, y no hacerle sentir el dedo en la llaga cada vez que se nos presente la ocasión. Es amor.

Para lograrlo debemos aceptar lo que fuimos, lo que somos y seremos, y aceptar que, sólo Cristo en nosotros, nos hace diferentes, que sin el Espíritu Santo seguimos siendo nosotros, que debemos aceptar su voluntad, doblegar nuestro ego y someter nuestro libre albedrío, para que entonces, y sólo entonces podemos decir como Pablo en Gál 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

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Publicado el 2 octubre, 2011 en Predicad y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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