Alabanza

Hace más de una década, regresábamos de un viaje a un lugar lleno de maravillas, que conocimos asombrados cual niños de todo lo que nuestros sentidos percibieron, y recién llegados, nos reunimos con nuestro grupo de amigos y volvimos a experimentar nuestras vivencias y sentimientos mientras les contábamos, a la par de un gran deseo de llevarlos con nosotros a conocer este “paraíso”. Y no hay siquiera el más leve punto de comparación, entre esta experiencia y la plenitud que sientes en el espíritu, cuando somos llenos por el Espíritu.

Cuando nos llenamos del Espíritu y este nos dirige en nuestra oración, sentimos la necesidad de alabar, glorificar, a Dios. Y si se han dejado guiar, seguramente tuvieron una experiencia maravillosa de comunicación, una vivencia indescriptible, indetenible. Aquellos que aún no han aceptado a Jesús en su corazón, como su Señor y único Salvador, nos llaman,  y a lo mejor desde su punto de vista de la carne, con razón, “fanáticos”, ya que solo hablamos de ello, pero lo que no saben y que por la gracia de Dios vivirán en “carne propia” al responder al llamado de Jesús, es que quien experimenta semejante vivencia, no es capaz de guardarla para sí, es tan grande que no es posible esconderla. Como dice la Palabra “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.” Mt 5:14-15

Del poder de la alabanza hay muchas historias en la Biblia. Por ejemplo, 2Cr 20:15-22 “y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros. Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz. Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” Dios le da la victoria a Josafat, sobre una alianza de sus enemigos más peligrosos y ¿el arma secreta del pueblo de Dios? Adoración y alabanza.

Los salmos están llenos de cantos de alabanza, pero cito el Salmo 150 que es un salmo corto, dedicado totalmente a motivar al lector u oyente a alabar a Dios. “¡Alabad a Dios en su Santuario! ¡Alabadlo en la majestad de su firmamento!  ¡Alabadlo por sus proezas! ¡Alabadlo por su inmensa grandeza! ¡Alabadlo a son de trompeta! ¡Alabadlo con salterio y arpa!  ¡Alabadlo con pandero y danza! ¡Alabadlo con cuerdas y flauta!  ¡Alabadlo con címbalos resonantes! ¡Alabadlo con címbalos de júbilo!  ¡Todo lo que respira alabe al Eterno! ¡Alabad al Señor!” 

Otro caso de demostración del poder de la alabanza es Hch 15:25-26, donde Pablo y Silas son liberados por medio de la alabanza. “Pero a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.  Entonces de repente, se produjo un terremoto tan fuerte, que los cimientos de la cárcel se conmovieron, todas las puertas se abrieron, Y las cadenas de todos se soltaron.” 

Pienso que es una lección a aprender. Alabar a Dios por las situaciones, circunstancias y cosas que rodean nuestra vida y que nos está dando la ocasión de recibir rectificación o revelación sobre ciertos aspectos que, de otro modo no hubiésemos percibido. ¿Ejemplos? muchos seguramente. Tal vez, hemos comentado ante algún hermano o hermana, lo bien que está saliendo un negocio o lo interesante que ha sido una actividad, y ésta persona, debido a sus circunstancias, se sintió mal, inútil o quien sabe que otra cosa, como resultado de nuestras palabras. ¿tiene motivos? Es hijo de Dios al igual que nosotros, y no participa de la bondad que Dios ha tenido con nosotros. Fuera del espíritu, es motivo suficiente, porque el enemigo intenta sembrar dudas sobre su nexo filial con Dios, y además porque seguramente él se siente mal ya que piensa que está siendo envidioso, egoísta.

Si nosotros, en el Espíritu, que no hay otra forma, recibimos la revelación de lo que hemos hecho y permitimos que nos dé la enseñanza, en medio de la alabanza sentiremos la alegría de estar en Su presencia, pero también, vergüenza, dolor y arrepentimiento por lo que hicimos, [debido al amor que fluye de nosotros y en el espíritu, porque vemos que lo hicimos aún sin el deseo de hacerle daño, pero por nuestro  ego, tan sólo porque “necesitábamos” (la carne, cuando no) compartir lo bien que iba todo y a lo mejor encubierto como testimonio] y oraremos en intercesión por nuestra “accidental” víctima. Probablemente, nos veamos impulsados a buscarle para pedir perdón por nuestra inconsciente falta, a enseñarle si no lo sabe, el poder de la alabanza.

Y, si este hermano, alaba a Dios por sus circunstancias, porque son permitidas por Él en Su sabiduría, seguramente recibirá la respuesta, la solución, pero también la actitud a tomar, como Pablo y Silas. Entonces, según lo demostrado con este sencillo ejemplo, nuestra vida debería ser dirigida por nuestro espíritu en el Espíritu. No hay otra manera de garantizar, que no sólo los actos inocentes como éste relatado arriba, sino que también aquellas que parecen buenas, cuando son movidas por la carne, no lo son. Les voy a dejar un ejemplo bíblico para no cansarles Mt 16:21-23: “Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén, padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y los escribas; ser muerto, y resucitar al tercer día.  Y Pedro lo llevó aparte, y empezó a reprenderlo. Le dijo: “¡Señor, lejos de ti! ¡De ningún modo te suceda eso!”  Pero Jesús, volviéndose, dijo a Pedro: “Quítate de delante de mí, Satanás. Me eres tropiezo, porque no piensas como piensa Dios, sino como piensan los hombres“. Toma tu cruz, y sígueme” Había la mejor voluntad de Pedro, en la carne, o ¿alguien lo duda? Ahí está la clave, porque no piensas como piensa Dios, sino como piensan los hombres.

La oración y la alabanza son nuestra mejor arma y como intenté demostrar, nada es más poderoso y gratificante que la alabanza, nos lleva de forma sutil y en adoración a la presencia de Dios a través del espíritu en el Espíritu. Aleluya!!!

Predicad

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Publicado el 17 octubre, 2011 en Predicad y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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