CARNE Y ESPÍRITU

Hay un mensaje que nos ha llegado insistentemente, dentro de varios de los que nos ha traído el Espíritu, “Todo lo que proviene de la carne, inmundo es, corrupto es y por tanto, Dios lo repudia.”

El pecado viene de la carne, de su interacción con el mundo, de las sensaciones que percibe a través de los sentidos que estimulan, tientan, a nuestra alma a llevar a cabo acciones que sabemos son indebidas, pecados, contra las que el alma, como parte de la carne, lucha de manera imperfecta. El enemigo sabe como funciona y aprovecha ese conocimiento para multiplicar las situaciones. También conoce nuestras debilidades y flaquezas y por allí van sus mejores esfuerzos.

Hay tentaciones a las cuales nos es muy fácil hacer de lado, otras que no lo son tanto, otras contra las cuales parece que no tenemos defensa, las vemos ante nosotros pero, en lugar de enfrentarlas, nos dejamos llevar por la carne, y otras, que ni siquiera las vemos venir y que, con suerte, nos daremos cuenta de lo que hicimos y tendremos la oportunidad de arrepentirnos.

Aquí es donde debemos entender, que desde la carne nada es posible, mejor dicho, nada es agradable a nuestro Dios, de hecho, ninguno será salvo por obras, sino por la fe en nuestro Señor. Dice Pablo a los Gálatas en el Cap. 5: 16-18 “5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 5:17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiéreis. 5:18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.”

Luego continúa Pablo identificando las obras de la carne en los versículos 19, 20 y 21: “5:19 …adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas”

Pero resulta que estas son las malas obras, que son más sencillas de identificar, porque violentan las leyes dadas a Moisés, pero si leemos estos versículos: Jn 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.; Ro 7:18 Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no; y por último 1 Co 15:50 Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible.

Vemos que no pone límites, está diciendo con claridad que si es de la carne, donde no habita nada bueno, no puede heredar lo incorruptible. Quiere decir que la palabra que nos entrega un predicador, debe provenir del espíritu, porque si no es así, por bonita que parezca no lleva la verdad que Dios quiere para nosotros. Lo más fascinante es, que si es estamos en el espíritu, éste nos hace “sentir” la veracidad del mensaje. ¿No lo ha percibido?

También cuando somos “buenos”, generosos con alguien, ¿de donde partió la iniciativa? ¿de la carne? Hay algo más que busca la carne con ello, la aprobación de otros o del propio beneficiado. Vamos a recordar el pasaje Génesis 4: 3-4 “Y aconteció andando el tiempo que, Caín trajo del fruto de la tierra, una ofrenda a Jehová. Y Abel también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas, y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda.”

Leí muchas veces estos versículos sin entender el por qué de la preferencia de Dios, y está claro, porque si aborrece lo que proviene de la carne y bajo esa luz volvemos a leer, encontramos que Caín lleva su ofrenda, que no merece comentario. En cambio, Abel lleva lo mejor de lo suyo, no llegó a esto en la carne, de seguro. En su amor y presencia de Dios, sabe que cosa le agradará y está feliz de darlo, y Dios lo acepta con agrado.

Caín actuó como hacemos cuando ocasionalmente damos unas monedas a algún menesteroso que se nos cruza en nuestro camino, siendo “generosos” pero saliendo del paso. Si actuáramos como Abel, en el Espíritu, sentiríamos el amor por ese mendigo y conoceríamos el deseo de Dios para él, y procederíamos en consecuencia. Estaríamos felices de hacer lo que estamos haciendo porque agrada a Dios. Claro que hay diferencia.

La biblia está llena de casos así, donde algún personaje hace las cosas según la carne y por supuesto yerra, desde Adán, pasando por el mismísimo Abraham (acepta la esclava de Sara, Agar, para tener la descendencia), Moisés (cuando golpea la piedra), y Saúl, y David, y Salomón, y… bueno dejo hasta acá la lista porque tendría que mencionar a todos, con una única excepción, Jesús.

Es difícil vivir en el espíritu, si, lo sé, es tan fácil confundirse y cambiar a la carne “buena” sin percibirlo. Lo he vivido muchísimas veces, pasar de un estadio súper-espiritual a uno carnal, sin notarlo, porque vivimos dos realidades, la del espíritu donde todo lo que hacemos no está bajo la ley, “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.” y la de la carne que está en contacto directo con todo lo palpable, el mundo.

Y el enemigo, como dije al comenzar, conoce estas dos realidades que, gracias a él, vivimos, y lo difícil que es para nosotros mantenernos en un sólo ámbito, sobre todo cuando ha logrado que se parezcan tanto para nuestra mente, lo perfecto, bueno y lo imperfecto, “bueno”. Tenemos que aprender a reconocer y desear estar en el espíritu, y a repudiar y rechazar a la carne.

Hay un camino que va a ayudarnos a alcanzar nuestro cometido, usar las herramientas de la oración, la alabanza, la lectura de la biblia, como medio para estar en la presencia de nuestro Señor y por supuesto, la consulta ante cada decisión, para evitar decisiones de la carne.

PREDICAD

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Publicado el 20 mayo, 2012 en Predicad y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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