ARREPENTIMIENTO Y FE

Luc 23:39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!”
Luc 23:40 Pero el otro le increpó: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?
Luc 23:41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.”
Luc 23:42 Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.”
Luc 23:43 Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.”

Jesús, víctima inocente de los “poderosos” de su tiempo, que vieron en él y Su Palabra un peligroso enemigo a quien había que desaparecer. No sólo fue arrestado y tratado como un bandido, asesino, sino que además Pilato, en su pobre intento de hacer cambiar de parecer al pueblo que pedía su crucifixión, sin confrontarlos, le hizo azotar, con 40 latigazos. Los esbirros que se ocuparon de esto, se extralimitaron claro, se burlaron, le hicieron una corona de espinas, le golpearon la cabeza instándole a que adivinara quién había sido y más. Y finalmente Pilato, luego de liberar a un asesino en su lugar, le envía igualmente a la cruz, a sabiendas de que condenaba a un hombre inocente.

Conocemos la historia nunca demasiadas veces repetida de su agónico camino al Calvario o Gólgota donde, luego de ser clavado en la cruz, terminó de derramar toda su sangre por nosotros, y murió, para limpiar los pecados de aquellos que crean en Él como Hijo de Dios, su único salvador, a quien el Padre resucitó y se arrepientan de sus pecados. Ahora bien dentro de este lapso, suceden los hechos que narra Lucas en el capítulo 23, versículos 39 a 43 de su evangelio (cita que inicia este post), que es uno de los objetivos de nuestro mensaje de hoy.

Por primera vez actúa la gracia que el sacrificio de Jesús como cordero de Dios, habilita. En los versículos 40, 41 y 42 vemos la confesión de fe de uno de los ladrones (increpando al otro por burlarse de Jesús y dudar de que era Hijo de Dios), la confesión de sus pecados y la petición de misericordia, a lo que Jesús responde con la promesa de que estaría ese mismo día con Él en el paraíso.

PODEROSA DUPLA 

Podemos encontrar en este ladrón dos actitudes admirables:

1- Valor (por la fe, claro está)
Creyó, si, y entonces sintió el valor que nos da el conocer la verdad; enfrentó al desprecio general que había por Jesús, sin medir consecuencias, su norte era Jesús, y no es fácil, porque aún y cuando aparentemente no tenía nada que perder, podrían haberse ensañado los soldados y demás presentes con él y empeorar su precaria posición, ya que no tenía nada ni nadie que lo amparase y aún así se atrevió a confrontarlos para defender a Jesús.

Esta actitud no fue fácil de tomar, y si discrepan de este parecer, recuerden a Pedro unas horas antes (Mt 26:69-75), amando como le amaba y conociendo como conocía al Señor, ¡sabiendo, o al menos habiendo aseverado bajo la luz del Espíritu que era el Hijo del Dios viviente! (Mt 16:16).

Tal vez, salvando las diferencias, claro, es lo que nos sucede cuando evitamos evangelizar, cuando eludimos conversar sobre Él con nuestros “amigos”. Simplemente nos estamos amoldando al mundo y esa no es la instrucción que nos dio. Estamos evaluando la evangelización como una actividad humana más, que podemos escoger entre hacer o no, como si estuviese sujeta a nosotros y no al contrario.  No nos engañemos, el mundo no nos ama

Jn 15:19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.

es decir, o somos del mundo, o somos de Él. Tened presente, que si sentimos temor, vergüenza de llevar el mensaje, entonces no creemos realmente, y mañana el Señor sentirá vergüenza de nosotros. Todos los hombres de Dios, abrazaron su destino, sea cual fuere, con alegría de cumplir con Dios.

2.- Arrepentimiento
Éste, completa la combinación siempre presente en los hombres de Dios, Abraham (padre de la fe) Moisés, Jacob, Josué, David, Pedro, Pablo y un larguísimo etc. Creen, por fe, y como consecuencia se avergüenzan de sus pecados y se arrepienten. Un arrepentimiento sentido, con dolor y lágrimas por las ofensas que hechas a Dios, y para los que pertenecemos a la era del Nuevo Testamento, por el sufrimiento causado a Jesús quien vino a pagar por esos pecados de todos nosotros.

DAVID, UN LÍDER DEL DEPARTAMENTO

Ahora bien, como todos al hablar de un tema, creo, tengo un favorito para éste y que tal vez lo mencioné al respecto en alguna ocasión, un campeón, no porque fue perfecto, muy por el contrario, porque pecó muchas, pero muchas veces, al hablar de pecados, él los cometió de todos los niveles y categorías posibles, no porque haya diferentes grados, sino porque no hubo terreno en el cual no hubiese transgredido las leyes, inclusive hizo pecar a otros, pero por su verdadero arrepentimiento de corazón, sintiendo auténtico dolor por haber ofendido a su Dios (fe, si no crees, no puedes sentir ese dolor), encontró la misericordia de Dios, y en una ocasión hasta le da la oportunidad de escoger su castigo.

David fue un hombre que vivió en el espíritu, que obedeció, no siempre, las órdenes de su Dios, en quien creía incondicionalmente, a ciegas, sin preguntas, pero fue un hombre y como tal, se dejó llevar por la carne en infinidad de ocasiones. Relata la biblia junto a su historia, un repertorio de pecados de todo tipo.

David ve a Betsabé banándose (2 Sam 11:2)

Hay que recordar un pasaje de esa historia (para muestra un botón basta, dicen), para entender de lo que hablo. Está en su palacio y desde allí ve a Betsabé, desnuda, bañándose, la desea (2Sa 11:2) y en lugar de rechazar la tentación, y probablemente como consecuencia del poder que ostentaba, continúa adelante. Averigua quien es, se entera de que es “la mujer del prójimo” (Urías) (v. 3), la hace traer a su presencia y la hace suya (v. 4), pero acá no termina todo. Como Betsabé queda encinta (v. 5) él manda a traer a Urías desde el frente de batalla (v. 6), y lo envía a casa intentando que se acostara con su mujer y así, cubrir su acción y a Betsabé. No sale bien, Urías no va nunca a donde su mujer (v. 11-12). David lo regresa al campo de batalla, con una carta para Joab que no es otra cosa que su sentencia a muerte (v. 16), quiere decir que ya ha involucrado, al menos con certeza, a una segunda persona en sus pecados. Y, en cuanto se entera de que es cumplida su orden y como premio a sus obras, busca a Betsabé y la toma por mujer.

A esto me refiero, no es un pecado, es un megapecado (no me tomen esa frase literalmente, eso sería si realmente los pecados tuviesen dimensiones. Cualquier pecado es una ofensa a nuestro Dios y en la misma tabla y por Su mano escribió, No mentiras y No matarás y en ningún lado agregó algo como: “Prefiero que mientas a que mates”). En todo caso, este pecado es como un proceso acumulativo, porque “desea la mujer del prójimo”, “fornica” con ella, intenta forjar una mentira y como no lo consigue, “mata” y no lo hace personalmente (autor intelectual, como diría nuestra justicia humana actual) sino que ordena a otro, Joab, a ejecutarlo. Es decir, hace pecar a otros para al cumplir con su deseo:

– Betsabé, a quien seguramente no le pasó por la mente negarse a su rey y
– Joab, quien por la misma razón ejecuta la sentencia de muerte, que termina incluyendo en la misma a otros (2Sa 11:17), un daño colateral, dirían hoy.

En el capítulo doce, vemos a un David arrepentido, que sabiéndose perdonado (su vida) intenta interceder, sin éxito como sabemos, por su recién nacido hijo, la prueba de su pecado.

Pero Dios conoce la debilidad del hombre, y está dispuesto a aceptar el arrepentimiento de corazón. Y David es bendecido con un nuevo hijo, Salomón, que llegará a ser el más grande rey de su pueblo, y sabio de su época, aunque también tuvo sus altibajos, pero esa es otra historia.

PERO… HAY MÁS

Ya alguna vez les pregunté si habían considerado a los judíos tercos y torpes, al leer pasajes como por ejemplo la travesía en el desierto. Luego de haber tenido pruebas del poder de Dios, al provocar su salida de Egipto, y luego, quitar de encima de ellos al ejército egipcio. ¡Increíble! Provocaron la ira de Dios en diferentes ocasiones, pero por la interseción de Moisés, por el amor que sentía este hombre por Dios, un hombre creyente y arrepentido, que consiguió gestar un arrepentimiento verdadero al menos de buena parte del pueblo, desistió Dios de la idea de abandonarlos a su suerte. Este es otro poder que tiene esta dupla, fe y arrepentimiento, logra que Dios cambie sus decisiones, pasó muchas veces, ¿un ejemplo? Jonás y Nínive, Jonás es un libro corto, cuatro capítulos apenas, con cuarenta y ocho versículos en total, y tiene varias enseñanzas además de la que mencioné “lograr que Dios cambie sus decisiones”. Los invito a leerlo con detenimiento, escudriñando en el espíritu la Palabra.

Creo haberles mencionado también que todos somos “judíos” o mas bien, humanos. Tenemos muestras del poder de Dios en nuestras vidas, y sin embargo dudamos, nos olvidamos de que todo está en Sus manos, que debemos agradecer lo “bueno”, pero también lo “malo” porque si Él lo permite, obviamente debe tener algún motivo mejor que mortificarnos, ¿no lo creen?¿nunca revisaron algún hecho o periodo de su vida de este tipo retrospectivamente, con la serenidad y sabiduría que da el Espíritu y encontraron las razones claras para que así sucediera, tal vez dentro de las consecuencias de ese hecho o periodo?

UN EXCELENTE EJEMPLO

Además del hecho de que las cosas pueden ser buenas o malas bajo nuestra percepción, pero ello no tiene que ver nada con la visión de Dios. Veamos a Pedro, en otro pasaje que comienza en Mt 16:13 y termina, para este caso, en Mt 16:23

Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Ellos respondieron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que Jeremías o uno de los profetas.
Díceles él: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque ni la carne ni la sangre te lo han revelado, sino mi Padre que está en los cielos.
Pero yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi lglesia, y las puertas del reino de la muerte no podrán contra ella.
Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra, atado será en los cielos; y todo lo que desates en la tierra, desatado será en los cielos.
Entonces advirtió severamente a sus discípulos que a nadie dijeran que él era el Mesías.
Desde entonces comenzó Jesucristo a declarar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, que había de padecer mucho de parte de los ancianos y de los sumos sacerdotes y de los escribas, que sería llevado a la muerte, pero que al tercer día había de resucitar.
Pedro, llevándoselo aparte, se puso a reprenderlo, diciéndole: ¡Dios te libre, Señor! No te sucederá tal cosa.
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de mi presencia, Satán; eres un escándalo para mí, porque no piensas a lo divino, sino a lo humano.

¿lo ven? Pedro pasa desde un estado totalmente espiritual, donde recibe de Dios Padre la revelación sobre quien es Jesús, para luego, ante al anuncio de Jesús, ver las cosas con el lado bueno del alma, que como ven no es el lado bueno para Dios.

Así de sencillo y fácil nos pasa, cambiamos de un entorno al otro sin percibirlo, porque hemos sido enseñados a comportarnos bien desde niños, pero no recibimos instrucción espiritual al respecto, hemos sido castigados, física pero no espiritualmente, por hacer el mal, y por tanto hemos aprendido desde la carne, a ser buenos y sentirnos bien por ello, incluyendo el “orgullo” de haberlo hecho nosotros ¿Están percibiendo donde está lo malo? Nada de lo que provenga de la carne es aprobado por Dios, de hecho “somos salvos por gracia y no por obras, para que ninguno pueda vanagloriarse de ello”

Efe 2:7 Por la gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no proviene de vosotros: es don de Dios,
Efe 2:8 no de las obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:7-8

Pero tened presente que la misma Palabra dice en Romanos:

Rom 6:14 Porque el pecado no tendrá ya dominio sobre vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Rom 6:15 Entonces, ¿qué? ¿Podemos pecar, puesto que ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡Ni pensarlo!
Rom 6:16 ¿No sabéis que, si os ofrecéis a alguien como esclavos para estar bajo su obediencia, sois realmente esclavos de aquel a quien os sujetáis: ya sea del pecado para muerte, ya sea de la obediencia para la justicia?
Rom 6:17 Pero gracias a Dios que, después de haber sido esclavos del pecado, os habéis sometido de corazón a la forma de doctrina a la que fuisteis entregados;
Rom 6:18 liberados del pecado, os habéis convertido en esclavos de la justicia.
Rom 6:19 Estoy hablando en términos humanos, a causa de la flaqueza de vuestra carne. Pues bien, así como ofrecisteis vuestros miembros al servicio de la impureza y de la inmoralidad, para la inmoralidad, así también consagrad ahora vuestros miembros al servicio de la justicia, para la santificación.

y esto lo vamos a poder ver desde el espíritu. Desde el Génesis lo estamos leyendo. ¿por qué el sacrificio de Abel es acepto y el de Caín no? porque uno proviene del espíritu, y el otro del lado bueno del alma. Por ello tenemos que intentar vivir la mayor cantidad posible de tiempo en el espíritu, de forma que logremos crecer hacia perfección, gracias al dominio del espíritu sobre la carne y no del alma sobre la carne, que a fin de cuentas este último no nos transforma, y todavía más lejos, no es más que un débil autocontrol sobre algunas áreas, pero que al ser presionados por el enemigo, que sabe más por viejo que por diablo, caeremos estrepitosamente ya que no estábamos siendo soportados por el Espíritu, sino por nosotros.

PREDICAD

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Publicado el 22 julio, 2012 en Predicad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Si, es cierto, ya tocamos este tema anteriormente, de hecho fue el primer mensaje publicado por Predicad en el blog el 06/09/11. pero suponemos que tampoco será la última. Cuando los temas tienen tanto peso, es necesario recalcarlos, y probablemente el Espíritu así lo hará, y si lo hace, nada vamos a hacer por impedirlo, tengan la certeza de que así será. DLB

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