MUJER

mujer

Encontramos a diario, mujeres que enfrentan difíciles situaciones y complejos problemas familiares y como consecuencia de esos inconvenientes se encuentran decepcionadas de Dios, de la palabra, de la vida cristiana, porque no entienden como siendo cristianas y siguiendo los lineamientos y enseñanzas de su iglesia, están inmersas en semejante situación. Tampoco es exclusiva del siglo XX y XXI ¿se han colocado alguna vez en las sandalias de María, la madre de Jesús? 

Por ejemplo, hay mujeres que, no lo son aún y están siendo violadas por el padre, el padrastro, un tío, primo etc., que además, ellas hoy no comprenden que es lo que pasa, ni por qué es permitido, algunas bajo un régimen de terror, atemorizadas porque su violador les amenaza con matar a su mamá, papá o hermanos, o a ella misma, y luego, mañana, no entenderán por que Dios lo permitió;

Hay otras que se sobrepusieron a ese miedo decidiendo hablar, pedir ayuda, auxilio, y ahora resulta que algunas son tachadas de mentirosas, son las que levantan falsas acusaciones por “la mala voluntad” que ellas le tienen al violador. Y si el padre o padrastro es el violador, peor aún, un demasiado alto porcentaje de las veces, ese “santo varón” es defendido por la madre y ella, la víctima, es la sediciosa, la que provocó la situación al seducirlo, e indefectiblemente va a la calle, y tal vez entonces sí, terminen algunas de estas niñas usando su cuerpo como medio de subsistencia.

Vamos a encontrar mujeres que están unidas o no en matrimonio, pero a fin de cuentas conviven como pareja, con hombres que tal vez sufren de ira y usan la fuerza, los hijos y/o su posición de soporte económico, para ejercer humillación, maltrato físico y verbal a la mujer y a veces incluyen a los hijos. Dicha mujer, quien probablemente proviene de un hogar similar y entonces piensa que esto es amor, o al menos, que es lo normal, que debe sujetarse a su marido y entender y aceptar que “el matrimonio es así”; otras, sus hombres beben o consumen drogas viviendo en otro mundo desde el cual agreden a su entorno sin ninguna limitación moral y que cuando salen de él, tienen esa etapa de arrepentimiento, que dura tanto como el tiempo transcurrido hasta un nuevo síndrome de abstinencia. En ambos casos, la recaída conlleva las mismas consecuencias, que generalmente van en escalada, pudiendo alcanzar a un final fatal para la víctima.

Tenemos otras desafortunadas, unidas a hombres que les amenazan con matarlas, o matarse ellos si los abandonan, y en el ínterin abusan de ellas física y psicológicamente.

Las anteriores y otras, como las que están cargadas por causa de los padres, enfermos o no, que dependen de ella y que saturan su tiempo, a lo mejor manipulando sus sentimientos para conseguir lo que desean, interviniendo en todos los aspectos de su vida, en su relación marital, filial, profesional; también están las que sufren lo mismo, pero causado por los hijos, por un trabajo o jefe, etc.

Es comprensible que estas cristianas se sientan tan mal y que ese sentir empeore aún más al ser invadida su mente por la duda que se cierne sobre todos los principios que han obtenido y aprendido de la Palabra. Pero no se les puede acusar por ello, ni por desear poner fin a esa situación.

Puede que tú estés viviendo tal desdicha, que te veas en una o más de estas situaciones, o en alguna otra no mencionada; puede que conozcas a alguien que la esté viviendo. Sé que vienen a nuestra mente pensamientos inquietantes, preguntas que no puedes responder. ¿Por qué Dios permitió o permite que esto me haya pasado o me esté sucediendo? Es la pregunta más común y la respuesta, sólo la puede obtener la interesada, en una auténtica comunión con Dios.

Eso sí, ten presente que Dios no puede intervenir porque nos ha dado libre albedrío, pero esto no es irremediable, nosotros, sólo nosotros podemos renunciar a ese libre albedrío y regresarlo a Dios, declarando nuestra impotencia para resolver nuestra vida, entregándole el mando, pidiendo su intervención. Si lo aceptamos de corazón y permitimos que esto suceda, vamos a sentir que nuestra vida comienza a fluir, funciona, que aunque vivamos la dualidad de un espíritu que busca sólo la perfección y un cuerpo que sólo comete errores y busca el pecado, podremos decir como Pablo en Gálatas 2:20

“Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.”

La segunda pregunta generalmente es ¿Por qué a mí? La respuesta proviene de una anécdota familiar, y es ¿Por qué no a ti? ¿Serías feliz si hubiese sido a tu mamá, hermana, hija, amiga, u otra mujer? Si pudieses, ¿Se lo endosarías a otra mujer, conocida o extraña? Sé que no. Además, esta pregunta desaparece rápidamente cuando logras obtener la respuesta a la primera.

Luego vendrán otras preguntas, como ¿Puedo o debo divorciarme? La palabra nos enseña que no, en Marcos 10: 11-12 dice lo siguiente: “Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Algunas iglesias lo permiten como un mal “necesario”, y tal vez llegado el momento, haya razones, pero es Dios y sólo Él, a través de Jesús en tu corazón, Quién te va a indicar que hacer. Es probable que no te guste la respuesta, pero…

Te enseñará a usar Su amor como arma, y disfrutarás del fluir de Su amor a través tuyo mientras lo usas; dando oportunidad de arrepentirse a los transgresores, de recibir Su perdón y resarcirse tu “verdugo” por el daño causado. Si te dejas guiar, y obedeces, lograrás la victoria en Él, pero no intentes hacer las cosas por tí, aunque parezcan buenas. La carne nos engaña constantemente. 

Todas, todas las preguntas que te hagas, las dudas que tengas, preséntalas ante Jesús con sinceridad, Él conoce tu corazón y sentimientos, no tengas temor de confesarle  tus deseos de venganza, tus odios y temores, tus iras contenidas; pídele respuestas y, en consecuencia, actitudes que tomar. Escúchale. Pídele que te sane, que permita nazca el perdón en tu corazón para aquellos que te hicieron o hacen daño, daño que tú sientes es “irreparable”, pero que no es tal, porque Jesús puede curar tus heridas, cualesquiera que estas sean. Permite que fluya Su amor en tí.

Por último, debo recordar que vivimos en la carne, en el mundo, donde el demonio es el gobernante, recuerden que Jesús lo declaró así cuando dijo: “Jn 12:31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

PREDICAD

PD: Sentí aprehensión al escribir sobre este tema, dudé y mucho, tal vez me dejé acusar por el enemigo que me asaltó con la idea de no ser quién para ello, pero siento la necesidad y urgencia de hacerlo, y obedezco. 

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Publicado el 3 marzo, 2013 en Predicad y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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