“TE INVITO A ENTRAR A MI PRESENCIA” 1

poder-de-dios mensajeesencial.wordpress

Pasaje clave: Hebreos 10.20Efesios 2.18Hebreos 4.16.

Imagínate a una persona de pie frente a la Casa Blanca. Mejor, imagínate tú parado frente a la Casa Blanca. Estás en la vereda, mirando a través de las rejas, sobre el césped, hacia la residencia del presidente. Tú, bien presentado, bien peinado y los zapatos lustrados. Te diriges a la entrada. Caminas con paso firme y seguro. No podría ser de otro modo. Has venido a reunirte con el presidente.

Tienes un par de asuntos que te gustaría discutir con él. Primero, está tu preocupación por la paz del mundo. Tú estás en pro de ella. ¿Podría él lograrla? Y finalmente, los costos de la educación son demasiado altos. ¿Podría él llamar a la oficina de administración de la escuela donde estudia tu hija y pedirles que la rebajen un poco? Sin duda que él debe tener alguna influencia allí.

Todos son asuntos importantes, ¿no es cierto? No le tomarán más de unos minutos. Así, con tu bolsa en la mano y una sonrisa en el rostro, te acercas al portón y le dices al guardia: «Quisiera ver al presidente, por favor.»

Él te pregunta tu nombre, y tú se lo das. Te mira, fija su atención en su lista y dice: «No tenemos registrada su cita»

«¿Hay que tener una cita previa?»

«Sí».

«¿Cómo puedo hacerla?»

«A través del personal de su oficina».

«¿Me podría dar su número telefónico?»

«No, es privado».

«¿Entonces cómo podría hacerlo?»

«Es mejor que espere a que lo llamen».

«¡Pero si no me conocen!»

El guardia se encoge de hombros. «Entonces lo más probable es que no lo van a llamar».

Después de eso, das media vuelta e inicias el regreso a casa. Tus preguntas han quedado sin contestar y tus necesidades insatisfechas. ¡Y estuviste tan cerca! Si el presidente hubiera salido al jardín podrías haberlo saludado y él te habría saludado a ti. Estuviste a solo unos metros de la puerta de entrada a su oficina, pero fue como si hubieses estado a kilómetros de distancia. Tú y el presidente estaban separados por la cerca y el guardia.

Luego, está el problema del Servicio Secreto. Si hubieses logrado entrar, te habrían detenido de inmediato. El personal habría hecho lo mismo. Había demasiadas barreras. ¿Y las barreras invisibles? Barreras de tiempo. (El presidente demasiado ocupado.) Barreras de status. (Tú no tienes influencia.) Barreras de protocolo. (Tienes que ir a través de los canales correspondientes.) Te alejas de la Casa Blanca con nada más que una dura lección. No tienes acceso al presidente. Tendrás que ver por ti mismo cómo solucionas el problema de la paz mundial y la toma de agua que hay frente a tu casa.

Es decir, a menos que él tome la iniciativa. A menos que él, al verte en la vereda, se compadezca de tus problemas y le diga al jefe de su personal: «¿Ve a aquel hombre con la bolsa de galletas en su mano? Vaya y dígale que me gustaría charlar con él unos minutos».

Si él da esa orden, todas las barreras se vendrán abajo. «¿Sabe qué? No se lo puedo explicar, pero la puerta de la Oficina Oval está abierta de par en par para usted». Tú te detienes, te vuelves, sacas pecho y entras por la misma puerta donde, momentos antes, se te negó el acceso. El guardia es el mismo. La puerta es la misma. El personal de seguridad es el mismo. Pero la situación no es la misma. Ahora puedes entrar a donde antes no pudiste. Y, algo más. Ya tú no eres el mismo. Te sientes alguien especial, escogido. ¿Por qué? Porque el hombre de allá arriba te vio allá abajo e hizo posible que entraras.

Sí, tienes razón. Es una historia fantástica. Tú y yo sabemos que tratándose del presidente, no valdrá contener la respiración. No habrá invitaciones especiales. Pero tratándose de Dios, empieza a caminar, porque ya la invitación está hecha. Él te ha visto. Te ha oído y te ha invitado. Lo que una vez te separaba, ha sido quitado (Efesios 2.13). Nada queda entre tú y Dios sino una puerta abierta.

¿Pero cómo pudo ocurrir esto? Si no pudimos entrar para ver al presidente, ¿cómo pudimos conseguir una audiencia con Dios? ¿Qué pasó? En una palabra, alguien descorrió la cortina. Alguien rompió el velo. Algo ocurrió en la muerte de Cristo que abrió la puerta para ti y para mí. Y ese algo lo describe el autor de Hebreos 10.19–20).

(CONTINÚA… en la 2ª PARTE

La 2ª parte será publicada una hora después de la 1ª, es decir a las 2:00 a.m. del 1º de mayo de 2013

Extracto del libro “Él Escogió los Clavos”

Por Max Lucado

DEVOCIONALDIARIO.ORG

Anuncios

Publicado el 1 mayo, 2013 en DevocionalDiario.org, Max Lucado. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: