No Sé Cómo Pedir Amor 3

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Continuemos.

2. “Tengo que ser clara y específica”

A veces no recibimos, porque pedimos mal; no sabemos cómo pedir. Hay que pedir específicamente. Vos no podes dar vueltas: “…tengo taaaanto calor… qué calor hace en este lugar… y yo, encerrada todo el día; encerrada en la casa; cómo me gustaría…” ¿Qué querés pedir? ¡Pedilo específicamente!: “quiero que me vayas a comprar un kilo de helado, mi amor.”

El gran problema es que a los demás no les queda claro qué es lo que querés porque las mujeres somos ‘vuelteras’: en vez de pedir algo específico, le damos vuelta, y vuelta… “¿se lo digo o no se lo digo…?, ¿lo hago o no lo hago…?” “Mirá: yo quiero que me des amor; pero a veces me acuerdo de mi ex-novio; quiero que me ames pero a la vez quiero que me ame el otro”, y nunca le decís nada en claro. Tengo que ser clara. Tenés que ser clara cuando pedís.

Específica y clara, para que el otro no dude acerca de lo que vos querés. “¿Qué querés que te regale?”  “No sé… me gustaría un vestido rojo; pero a la vez me gustaría uno verde; pero a la vez me gustaría una flor para la cabeza; un par de zapatos…” ¡No! Sé especifica; no des vueltas.

 

3. “Tengo que pedir sabiamente”

Aprendé a pedir en el momento correcto.

A veces no nos dan porque pedimos en el momento incorrecto. Si vos le vas a pedir un beso a tu hijo adolescente, justo cuando está con el resto de sus amigos… fuiste. Vas a salir mal parada, por no buscar el momento correcto. Porque a los adolescentes lo que menos les gusta es que les hagas pasar papelones frente a los amigos; no les gustan las manifestaciones de cariño; te echan… ¿te diste cuenta? Y no es que no te aman; es que pediste algo en el momento incorrecto.

Pedíselo en el momento correcto, pero pedíselo: “quiero que me des un abrazo, hijo; me encantaría que me des un abrazo; sabés que hoy necesito un abrazo tuyo.” Pedíselo; no tengas problemas. Sabiamente y específicamente: un beso o un abrazo… ¿me entienden?

Pedí con optimismo, como si siempre los demás te van a responder que sí.

Porque, queridas mujeres, la actitud en la vida es fundamental. Yo vi un vestido hecho por un buen diseñador. Entré a la casa del diseñador, a su negocio, y le dije: “éste vestido me encantó.” Fui a la semana siguiente y le dijimos: “¿lo podés prestar para el programa de ‘Utilísima’?” ¡Y me dijo que sí! Me podría haber dicho que no; pero sin embargo me dijo que sí. ¿Sabés por qué? Porque me atreví a pedir. Así que, cada vez que vos vayas a pedir algo, siempre andá con la actitud de un sí.

Si vos pedís algo y decís: “yo sé que no me lo vas a dar…” ¡fuiste! Porque vas negativa; tu actitud es negativa. “¡Che, tonto, dame eso que te pido!” tampoco te van a dar nada. Si vos decís: “¡acá yo tengo derecho!” porque hay mujeres que usan mucho el mangazoque es diferente. Una cosa es pedir y otra cosa es manguear. Yo no te estoy hablando de manguear, de ir a cualquiera y decir: “vos me tenés que dar, porque al final sos una hermana en Cristo, ¿cómo no me ayudás?” Eso es manipulación; no aceptes manipulación de nadie en la vida; porque vos tenés derecho a decir que no o a decir que sí; pero por tu propia voluntad, no porque te manipulan.

Si vos sos una sargento manipulando a los demás, o pidiendo, exigiendo a los demás que te den, nadie te va a dar; porque todo es cuestión de actitud.

 

4. “Tengo que celebrar y ser agradecida”

Y por último; cuando hayas pedido; hayas sido sabia y especifica; hayas esperado siempre un sí, y lo hayas hecho con mucho tacto: celebrá lo que recibís y agradecé.

Hay mujeres a las que le dan algo y dicen: “hmmm… ya era hora; años esperando que me lo dieras; por fin te acordaste, al fin te diste cuenta.” “Vamos a ver ahora, a ver si me das lo que te pedí, o me das menos”… siempre con un reproche. Y el reproche no sive.

Si vas a celebrar, vas a agradecer, hacelo bien. Porque cuando vos agradecés, vos dejás grabado en el otro lo que sí te gusta. No es cuestión de estar todo el tiempo diciéndole al otro: “no, pero al final era hora, era lo que tenías que hacer…” No. Agradecé y celébralo; porque al otro le va a quedar grabado: “me hizo bien que me agradeciera; le gustó lo que hice.”

Porque cuando uno da algo, le gusta que al otro le guste, que el otro esté feliz, que el otro esté contento. Tenés que ser una mujer agradecida. El agradecimiento siempre te trae fruto.

Por Alejandra Stamateas

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Publicado el 11 mayo, 2013 en Alejandra Stamateas y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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