Negando nuestro albedrío

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Es una enseñanza común, motivar a la lectura de la Palabra, pero la Palabra está puesta para hacer tontos a los sabios y sabios a los tontos. Esto no significa que un sabio no pueda leerla, o que cualquier tonto (ignorante) por serlo, se convierta en sabio al leerla, simplemente significa que debemos buscar el Espíritu para leerla ¿Cómo se encuentra? La respuesta es oración, pero una oración que sea un diálogo, no un recitar de palabras sin término.

Lee la palabra, pero antes, invoca al espíritu, pide a Jesús , la Palabra ( Jn 1:1, 14), que te guíe, que te muestre las verdaderas enseñanzas, que están allí claramente expuestas, pero que no somos capaces de entender, por muchas veces que lo hayamos “leído”.

He experimentado esto, muchísimas veces; he “leído” un versículo o un grupo de ellos, en diferentes oportunidades, no porque entienda que tiene algo para mí, sino como parte del hábito de lectura de la biblia; esto ha sido así una y otra vez, sin que nada especial suceda; y de pronto, un día estalla una luz, como que resaltara la palabra o frase, y veo claramente la enseñanza que contiene, el mensaje que estuvo esperando por mí. Pero no es que estoy más avispado (atento) en esa ocasión, no faltaría más. Esto sucede cuando el espíritu está al mando, y sientes una gran alegría, una emoción que te embarga, al saberte parte de aquello, al tener contacto con el Reino.

Te decía, lee la palabra, pero luego de conversar con Jesús, en el espíritu, conversar porque no se trata de establecer un monólogo y hablar sin detenernos, seguro que Jesús tiene y quiere decirte cosas, responder a tus inquietudes y ansiedades, pero debes escuchar, sentirás la diferencia entre conversar en la carne y en el espíritu. Irás a donde Él desea llevarte, leerás y serás inundado de su luz, será una experiencia maravillosa y como no serlo, te guía el propio autor. Tal vez te sientas como tonto, porque estuvo ahí siempre, pareciera que es la primera vez que lees esa palabra, versículo o capítulo. No, no se trata de ser tonto, se trata de que es Dios quien revela:

27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. (Mt 11: 27)

Aunque no es un consuelo, estas situaciones no son nuevas, no son exclusivas de los tiempos en que vivimos. Es cierto que hoy día, están como más a la vista, más al público, tal vez porque estamos viviendo en una era de comunicación, dirán algunos, o más bien porque estamos asistiendo al derrumbe del último imperio, no es uno nuevo, es el que siempre ha estado tras las decadencias de todas y cada una las eras anteriores, no hay que ser muy perspicaz, sólo hay que leer la biblia bajo la luz del espíritu. Tenemos anuncios de la naturaleza, pero también de la humanidad, que nos indican que estamos cada vez más cerca, que el fin de los tiempos se nos avecina cada vez más.

Debemos orar por conocer nuestra misión, debemos luchar por concluirla, es y no es una lucha personal, no es personal porque no estamos solos, el Espíritu nos apoya constantemente, no nos deja solos, pero al mismo tiempo es personal, porque nuestro libre albedrío es el que permite, que hagamos o no las cosas. Dios nos lo dio, y no va a atropellar ese derecho que nos concedió.  Si no queremos, pues no se hará. Nos vamos a encontrar en la situación de Pablo, de hacer lo que detestamos y de no hacer lo que queremos, porque además, estamos atados a la carne y ésta al mundo. Es una dura lucha, nadie lo niega, pero somos soldados, somos siervos inútiles y así debemos actuar, cumpliendo las órdenes sin discusión.

Por lo tanto, deberíamos entregar nuestro libre albedrío a Dios, reconociendo que no somos capaces de dirigir apropiadamente nuestra vida, que no tenemos la habilidad de hacerlo, y que es nuestro deseo , usando nuestro libre albedrío, renunciar a este y entregarlo en Sus manos, y orar por obtener la llenura de nuestro espíritu cada vez más por Jesús, para que a través del Espíritu y en nuestro espíritu se haga posible la transformación que debe suceder, siendo cada vez más espirituales y menos carnales, repudiando el pecado hasta liberarnos de él; renunciando al mundo y a sus banalidades, y permitiendo (al escucharle y obedecerle) que Jesús nos guíe a través del camino.

PREDICAD

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Publicado el 9 junio, 2013 en Espíritu Santo, Predicad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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