ERES UN RAMO DE NOVIA

 

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“Yo fui y me encontré al alfarero haciendo en el torno vasijas de barro. Cada vez que una vasija se le dañaba, volvía a hacer otra, hasta que la nueva vasija quedaba como él quería.” Jeremías 18: 3-4

Alana apenas cumplía siete años y desde los cinco ya era una niña definida, acertada, muy difícil de engañar. Sus gustos, muy de ella y sus antojos, muy propios. Su madre siempre trataba de enseñarle variedad y ponerle cierto toque de duda al mostrarle que existían otras opciones a las que ella siempre tomaba. No hay forma, Alana tomaba muy en serio “su identidad”, o al menos eso pensaba. Cierto día Alana compartía con sus vecinas en el patio de su casa. Basta con decirles que su abuelita le había preparado un jardín el día en que nació y ese jardín había florecido y andaba forrado de flores en esa temporada del año. Alana no hacía caso a todas, solo a una rosa y contaba a todas las visitas que ella era esa rosa. Esa rosa dormía, moría, nacía, volvía a florecer; hermosa, intacta, llena de vida… sí, igual que Alana. Todas las niñas escogían una flor y jugaban a eso. A identificarse con un color, un aroma, un estilo.

Pasaron los años y ya Alana es toda una joven. Estaba en su tercer año de universidad, recién festejaba compromiso con su novio con el cual llevaba saliendo hace cuatro años y sentía que estaba completa. Sentía que alcanzaba todo lo que de niña deseaba. En la tarde, planificaba con su madre los preparativos de la boda cuando asomó su mirada hacia el patio, hacia el jardín que su abuelita le había hecho con tanto amor… y allí estaba la rosa. Le dijo a su mamá en ese instante que su ramo debía ser solo de rosas y que no aceptaría inventos de ella. “Solo rosas” volvió a repetirle a su mamá que trataba de decirle que aparte de las rosas debía incluirle algún tipo de relleno para que el ramo estuviera completo. Alana no quiso escuchar.

El día de la gran celebración había llegado. Como algo muy extraño, ya la novia aguardaba ansiosa en el auto pues el novio aún no se había asomado por allí. Muchos, en lo absurdo del asunto optaron por llamarlo pero él no contestaba sus llamadas. De pronto, la madre de Alana decidió entrar en el auto y hablar con ella. Entendía que una hora era demasiada espera y que él no contestaba los mensajes ni las llamadas de sus parientes. En su negación Alana comenzó a gritar y a exigir. La madre muy temblorosa la tomó entre sus brazos, muy fuerte y ambas lloraron de enojo y resignación. Tania, la madre de Alana despidió a todos y pidió disculpas por la espera. Luego, con mucho que decir en su corazón llevó a su hija a la casa quien solo deseaba dormir en su falda y de esa forma quedó Alana durante todo el viaje de regreso.

Allá en la casa, en la habitación de Alana le aguardaba una nota. No quiso abrirla y le pidió a su madre que la tomara y que hiciera con ella como bien le pareciera. Tania, hizo tal como su hija le pedía, la abrió y leyó las razones del novio para no haber llegado. Al final de la hoja se podía leer “…la vida tiene tantos colores, tantos sabores, tantos idiomas, tantos caminos, y yo no quiero vivir con una sola idea en mi cabeza.” Cuando Tania voltio a ver a su hija ya se había deshecho del traje de novia y caminaba hacia el jardín con la mirada perdida. Ella la siguió, no quería dejar a su hija sola. Sabía que en algún momento Alana explotaría en llanto, con preguntas, dudas y mucho coraje.

Sentadas frente al jardín, Alana comenzó a acariciar la rosa, la cual ya perdía muchos pétalos y bajaron lágrimas de incierto por sus mejillas. Tania encontró el momento para hablarle a su hija. “Alana, te amo… lo sabes” y Alana asintió con la cabeza. Hubo un silencio amargo por unos minutos y luego Alana comenzó a hablar sobre lo perdida que se sentía, sobre la desilusión y la ruina de todos sus planes futuros. Alana lloraba intensamente y se agarraba el pecho como si tratara de mantener su corazón pegado con su puño. No entendía la nota de su novio, se negaba a entenderla porque ella había sido simple siempre. “Mamá, tú me conoces, yo no puedo cambiar y yo soy como esta rosa, ni más ni menos.” Tania suspiró, tragó hondo y decidió soltar lo que por muchos años ha querido explicarle a su hija. “Alana, eres maravillosa, no tengo duda de que esto ha sucedido por una razón muy importante.” Alana abrió sus ojos en asombro y respondió: “¿Cómo? ¿A ver? ¿Por qué sucedió? … A ver, ya nada importa, total… de nada sirve”. Tania le tomó las manos y le pidió que la escuchara sin interrumpir. “Alana, Dios quiere que entiendas que no eres una rosa, una sola… no lo eres. La vida es como este jardín. Tú naciste y nacieron todas las flores, así decía tu abuela. Queríamos enseñarte lo creativo, lo nuevo, lo arriesgado, el mojarte con la lluvia, el olor de la tierra húmeda, el volver a intentar”. Alana alzó la mirada al cielo y comenzó a respirar lento. “Hija, en esta etapa de tu vida apenas aprendes que las espinas son parte del amor, del reír, del llorar, del vivir. Que definitivamente esas espinas son necesarias, no gustan pero despiertan. Apenas entiendes que Dios te formó con un todo en mente y no con una sola idea. Que Sus planes son más altos y que hay cosas allá, fuera de tu zona de confort que son necesarias para crecer. Eres tulipán, girasol, amapola, orquídea, flor de loto, todas ellas juntas… unidas por experiencias, por esos lazos, por muchas cintas, por lo que te permites vivir, por las personas que están a tu alrededor, por lo que se pierde, por lo que se gana. Dios no solo es alfarero, también es florista, ¿lo sabías?”

Alana arrancó la rosa y se levantó lentamente mientras su madre esperaba una respuesta o una expresión de desinterés. Pero no, Alana extendió su mano y le pidió a su mamá que entraran a la casa, todo esto sin queja alguna. Entonces, justo en la puerta abrazó a su madre y le dijo: “Gracias… no sabía quien yo era. Pensaba que podía encontrarme en un objeto, con gran valor económico, y que mis estudios o profesión o mi estado civil me identificarían y me darían la importancia que tanto buscaba en este mundo, en esta sociedad. Me he sentido perdida desde hace mucho tiempo. He buscado incluso la aprobación de todos los demás, sin importar la mía. Estoy cansada de tratar de encajar”.

Tania sonrío y echando a la basura la nota del muchacho le dijo: “Alana, para Dios eres un ramo de novia. Dios tomó las flores, las flores que te forman y quitó las espinas y las hojas que no servían, limpió las rosas y las puso en agua fresca por un tiempo. Mientras te dejó esperando, El aún estaba trabajando. Trabajaba para hacerte mejor, para completarte, quitando y poniendo según le pareciera. Buscaba el follaje, el oasis y el envase perfecto para que cuando comenzara a trabajar en ti terminaras firme y sostenida en El. Luego de forrar el oasis, comenzó a insertar el follaje, el follaje que te negabas a tener pero que era necesario. Dios es creativo, por eso te dio vida y usó todas las flores del jardín para formarte. No fue sencillo, en muchas ocasiones las flores se maltrataban o morían en el proceso. Llegó a lastimarse cuando cortaba tus espinas pero es un Dios de amor. Lo dio todo por ti.” Y con esas palabras madre e hija dieron fin a una encrucijada que no permitía el crecimiento de Alana.

No sé quien me lee en este momento, realmente eso no es lo importante, yo quiero recordarte que eres una creación maravillosa, y que todo lo que Dios hace es maravilloso. Que El vio tu cuerpo mientras cobraba forma en las profundidades de la tierra y que no habías vivido un solo día, cuando ya El había decidido cuánto tiempo vivirías. Toda tu vida ya está escrita en Su libro. No hay nada incierto para El. Salmos 139: 14-16

Lo que Dios ha hecho, ha permitido y está por hacer es para tu bien y con una razón de ser. No te salgas de la mesa de trabajo, deja que Dios haga la obra completa en ti. Lo hace porque te ama, y mucho.

¡Dios te bendiga!

YMGR

Pétalos en un libro

Mujeres que sanan

Img.: HDW

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Publicado el 17 agosto, 2014 en Autores y colaboradores, Mujeres que Sanan, Yashira M. Guzmán y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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