ANUNCIA SU MUERTE

Y PEDRO… SIEMPRE IMPULSIVO… HUMANO…

Jesusy los discipulos, anuncia su muerte

 

MATEO 16

21 Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.

22 Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá.

23 Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de , niéguese a mismo, tome su cruz y sígame.

25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

26 Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?

Mateo 16:21-26; Marcos 8:31-37; Lucas 9:22-25

“…niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame… el que quiera salvar su vida la perderá… aquel que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Cuándo reflexionaba sobre estas duras palabras, sentía una parte de mí, dispuesta a hacerlo con alegría, la mejor disposición, etc., pero la otra, dudaba sobre mi capacidad para hacerlo totalmente. Esta dualidad ha permanecido por demasiado tiempo, hasta que logré internalizar la verdad, NO DEPENDE DE MÍ. No soy de ninguna manera, capaz de lograr la perfección por mí mismo. Sólo en el espíritu, bajo el dominio del Espíritu Santo, puedo lograr algo. Ya Pablo había identificado este problema y lo explica maravillosamente en su carta a los Romanos, cap. 7, versículos 15 y siguientes.

15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

Predicad

NOTA.: Hay bastantes entradas en este blog que se refieren al tema, directamente como por ejemplo Carne y Espíritu, o de soslayo, basta colocar en el buscador (al final de la página, en la primera columna), las palabras carne y espíritu, y obtendrán un listado de las entradas que tocan el tema de alguna forma.

Publicado el 30 septiembre, 2015 en Predicad y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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