SOBERBIA

Pecados Camaleón

Puede que haya pecados en nosotros que no reconocemos, incluso peor aún, que creemos inexistentes. La soberbia es uno de ellos, se disfraza, por ejemplo, de autosuficiencia, de saber, de seguridad, de fortaleza, y más, y no es más que ¡SO-BER-BIA!.

¿Cómo saber cuando somos soberbios?

Pues…, no es tan fácil, puedes vivir engañado mucho tiempo, tal vez demasiado, una vida por ejemplo, creyendo que es normal tu actitud ante las diversas situaciones de la vida, puedes pensar que eres una persona común y corriente y sin embargo eres soberbio.

Por ejemplo cuando te incomoda, levemente o no, que algún hermano/a insista (seguramente con motivación espiritual) en acotar que gracias a Dios has logrado esto, gracias a Dios has conseguido esto otro, gracias a Dios tuviste un grandioso éxito en algún cometido, ojo, sobre todo acá, porque cuanto mayor es el motivo para sentirte orgulloso de lo obtenido, más es fácil de caer (y si esas acotaciones de tu(s) hermano(s) llegan a molestarte, definitivamente tienes un problema). Cuando los logros “pequeños” son atribuidos a Dios, hasta puede que lo aceptes como “un acto de generosidad” de tu parte, al permitir que tu mérito le sea otorgado a Dios (OJO, estos procesos no tienen que ser, y generalmente no lo son, conscientes. Si lo fueran los desecharíamos al reconocerlos, pero así es el demonio, actúa subrepticiamente, con sigilo y encubiertamente).

Pero cuando se trata de, como dije, “un grandioso” éxito, mayor es la tentación de apropiarte de la autoría, y lo más grave es que, como para ti ha llegado a ser normal, no lo sientes como que te lo apropias, que si lo es, sino que según tú, no aceptas que también este mérito te sea “arrebatado” para darlo al Señor (o sea, yo no soy importante?, no es mi mérito?).

Más aún, tal vez te has permitido un pensamiento, o, peor, que digo peor, ¡pésimo!, lo has manifestado de viva voz, “que sin ti no hubiese podido ser, que Dios necesitó de ti para ello”, tienes un grave, pero muy grave problema.

¡Y sí!, siendo hijo de Dios, vas a ser corregido, pero si haces estas cosas y no sucede nada, ¡preocúpate! En cambio tú, hijo de Dios, vas a ser corregido, y entre más torpe seas para entender la situación y entre más engañado estés, más larga será la corrección, pero llegarás ¡seguro! a entender el por qué de tu castigo.

Tal vez no has llegado aún a este punto, tal vez estás aún en esa fase inicial en que estás dispuesto a aceptar la autoría de Dios (lo normal), pero que ya alguna vez se te ha pasado por la mente, que tú eres importante, desiste, si eres importante, pero NO INDISPENSABLE, Dios no te necesita a ti, eres una herramienta en sus manos. Y si ya no funcionas debidamente, y te ama, va a intentar repararte (castigo, desierto personal), pero continuará su labor sin ti, a través de otra herramienta que sirva para sus fines. En cuanto vayas siendo reparado (tomando conciencia de tu falta, y te arrepientas), comienzas a ser usado en pequeñas cosas, y si vuelves a caer comenzará de nuevo el proceso, hasta que logres ser lo que Él espera de ti, un verdadero hijo de Dios, un siervo fiel.

Este proceso sucede para con cada debilidad nuestra, pero puede ser muy largo el proceso al tratarse de la soberbia, porque como digo más arriba, avanza en lo obscuro, lentamente, con paciencia, hasta que logra enquistarse como parte de nuestra personalidad, de nuestro ego. Si te reconoces o identificas, ya sabes que hacer, niégate a ti mismo, reprende al enemigo, reconociéndolo como el generador de esos sentimientos negativos en ti y acepta a Jesús como tu único Salvador, como el único Camino, como la Verdad, la Vida.

Reconoce que por ti mismo, espiritualmente, no tienes nada bueno que hacer u ofrecer. Que todo lo que viene de la carne, aunque parezca bueno, malo es. Cuando la carne logra rebelarse al espíritu, dominándonos, está enfrentándose a Dios. Es lo que hacen los pecados, enfrentarnos a Dios, particularmente la soberbia, que le niega la gloria a Dios.

Es la razón por la cual Satanás se rebeló, por soberbia, porque se creyó igual a Dios, que sus dones eran de él y no que provenían de Dios. Negó la gloria de Dios. Por eso debemos tener cuidado con este pecado, y enfrentarlo con humildad, buscando al Padre, a través del único Camino, Jesús, con arrepentimiento, reconociendo que el Reino, el Honor y la Gloria le pertenecen, por los siglos de los siglos, en todo tiempo, lugar o circunstancia.

Que Dios nos bendiga y proteja entre sus manos.

PREDICAD

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Publicado el 3 febrero, 2016 en Predicad y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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